YURI SANTANA

La vida cotidiana en la pintura

Por Magaly Espinosa

La vida en las comunidades y los barrios, que el arte de inserción social estimula a través del gesto artístico, también puede ser recreada desde la pintura, aprovechando la fuerza de la imagen pictórica, que congela visiones que se nos pierden bajo otras formas artísticas.

Yuri Santana en su serie A fuego lento, reúne un conjunto de obras que se aproximan a nuestra realidad inmediata, tal y como ella se nos presenta: precaria, frágil y grotesca. Texturas, empastes y transparencias, la matizan acercándonos a personajes emplazados en espacios urbanos, en situaciones a veces indefinidas, porque desde ellas no vemos la figura completa, como ocurre en la pieza Nirvana, ni el hecho que parece suceder en otra denominada Ilícito.

El bodeguero que no tiene productos para ofertar, el mal abastecido puesto de viandas y frutas, los hombres en el parque tomado cerveza y llamando por un móvil, la joven que hace la misma acción, los vendedores ambulantes, el anciano humilde, un hombre que merienda, gente que hacen la cola para comprar el pan. Gran parte de la composición social de la Cuba del presente es puesta a nuestra disposición, por medio de escenas que reciclan el entorno, tal y como están constituidas, sin afeites.

Ellas son reproducidas a manera de fotogramas de un film o un documental, solo que la pintura se toma sus libertades, a través del dripping aplicado a determinados fragmentos o la asunción del bad paiting, para eludir cualquier embellecimiento de lo real.

Cercano a su colega Elviz Céllez, no hace concesiones a su narración, ambos son parte de un sector de pintores a quienes les interesa contar sobre lo real. Él completa lo narrado por medio de títulos que se refieren a circunstancias que rebasan la imagen, imprimiéndoles un vuelo poético que siempre está bajo la vida, sea esta Un Adagio en sol menor, un Paraíso o un Rascacielos imaginario.

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