Yunier Hernández

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Cambios

Por Carlos Jaime Jiménez

La expansión y afianzamiento del capital en todas las esferas de la vida humana, no constituye únicamente una preocupación que concierne a economistas y estudiosos de la sociopolítica. Es, en cambio, un fenómeno que ha modificado radicalmente el sistema de relaciones que rigen el funcionamiento del mundo contemporáneo. Similar a un rizoma de proporciones gigantescas, ramificado a través de todo el planeta, se ha convertido en una presencia inefable, aquello que, en palabras del teórico norteamericano Fredric Jameson, constituye lo “sublime posmoderno”.

Cabría preguntarse, en este contexto, qué lugar simbólico ocupa el dinero en efectivo, en tanto constituye la expresión física más simple e inmediata del capital. En la progresiva transición de la cultura monetaria hacia el ámbito de las transacciones digitales también se puede rastrear el signo general de la contemporaneidad, y podríamos atrevernos a presumir que en un tiempo no muy lejano, el dinero en efectivo será solo un atavismo de la era analógica. Pero mientras tanto, sigue siendo el objeto del deseo y la necesidad de muchos, a quienes les están vedadas otras formas de intercambio comercial, o simplemente las desconocen. 

Si nos atenemos a la anterior hipótesis acerca de la mutación estructural y simbólica que afecta al dinero, podemos, también, comenzar a considerarlo desde otra perspectiva. No únicamente como registro y prueba del plusvalor, o de las desigualdades en cuanto a capacidad adquisitiva que experimentan los individuos y clases sociales debido al carácter injusto y alienante de la distribución del capital. En resumen, el valor asociado y la expresión física del dinero (en efectivo), podría dejar de ser esencialmente económico, liberándolo así progresivamente de su potencial deshumanizador. 

La obra plástica de Yunier Hernández parece hallarse conectada a estas premisas. En sus piezas, el dinero trasciende, en términos literales y metafóricos, el sentido prosaico derivado de su función utilitaria. El artista interviene billetes y monedas a partir de distintas técnicas, y con finalidades diversas. En la obra Atlas, una figura humana es calada de un billete, sujetándolo sobre sus hombros, en explícita referencia al gigante homónimo de la mitología griega cuya misión era sostener el peso del mundo. El vínculo simbólico entre hombre y dinero es sugerido, en este caso, como la subordinación del primero a su propia creación, hacia la cual mantiene, además, una dependencia indisoluble. En piezas como Trojan y Mano cuchillo, el creador continúa explorando esta relación problemática, a la que añade, además, otras capas de significado. Los billetes y monedas son aquí modificados y ensamblados conformando estructuras antropozoomorfas, con lo cual el creador problematiza la primacía de su carácter utilitario, reforzando en cambio su potencial como objetos estéticos. Estamos entonces ante el dinero visto como téchne, como documento cultural y antropológico, y no solo como signo de valor económico.

Un aspecto que, naturalmente, no podemos soslayar en la obra de Yunier Hernández, es la relación arte-dinero. Este constituye uno de los aspectos que mayor grado de autorreflexividad le otorgan a su trabajo, pues estamos ante una tautología deliberada: dinero que es intervenido y convertido en arte, para luego ser intercambiado nuevamente por un valor de cambio. Y en un contexto como el cubano, donde la obra de los artistas es primordialmente comercializada en efectivo, la ecuación adquiere una lógica aún más lineal. Se nos está hablando, en última instancia, de un proceso que puede y debe ser subvertido y cuestionado, pero al cual es imposible permanecer ajeno. La clásica concepción de Marx acerca de cómo el capitalismo solo cambia superficialmente, preservando sus esencias intactas, es emulada y puesta en valor por el artista al interior de su obra. Es un juego de espejos donde los predicados acerca de lo real se hacen pasar por ilusiones, y viceversa. 

El artista no se contenta únicamente con elaborar metáforas acerca de determinadas cuestiones de la realidad contemporánea asociadas al dinero y la economía, sino que interviene directamente sobre la expresión material del mismo, a través de procedimientos que responden simultáneamente a un intento de poetización, y también, a un sutil y deliberado ejercicio de violencia simbólica. Hasta el presente, el arte se ha mostrado incapaz de cambiar las estructuras generales que rigen el funcionamiento de la sociedad humana, pero ello no significa que no deba seguir intentándolo, en mayor o menor grado. Lo que es más importante, el arte constituye un medio ideal para replantearnos aspectos álgidos de nuestra realidad, en la cual resultan cada vez menos pertinentes las respuestas sencillas. En la obra de Yunier Hernández, lo más estimulante son las preguntas implícitas.

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