YUNIEL DELGADO

Óleos, trazos y críticas a gran escala

Por Yenny Hernández Valdés

La diversidad de propuestas, temáticas, conceptos y técnicas en el arte cubano contemporáneo es inmensa, por lo que se hace necesaria una actualización constante de la misma para dilucidar, dentro de esa variedad cuantitativa, aquellas soluciones realmente sólidas y originales. Es por ello que apreciar las coordenadas por las cuales se mueve lo más actual de nuestro arte dentro del entramado cultural que nos acaece resulta un desafío que requiere de ímpetu ingenioso y erudito.

El contexto resulta para muchos la cantera en la que sus inquietudes y cuestionamientos burbujean constantemente. La coyuntura para desenvolverse, tanto en el terreno propio como en el internacional, tiende a ser cada vez más fortuita para aquellos que ansían desarrollarse en y desde el medio artístico. Contamos con quienes han sabido imponerse a esas nebulosas para hallar un resquicio iluminado en función de expresarse como artistas. En esta línea vale mencionar a Yuniel Delgado Castillo, joven creador que ha encontrado en la plástica el medio idóneo para transmitir sus preocupaciones respecto a la sociedad contemporánea. Desde sus inicios ha asumido la postura de un sujeto/artista que experimenta, digiere y proyecta determinadas problemáticas del devenir social.

Los estudios cursados durante su estancia en la Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro, sobre pintura, ilustración, escultura y diseño han sido fundamentales para su trayectoria artística; no solo para la sedimentación de un lenguaje propio de expresión, sino también para la madurez necesaria – y a mi criterio notable – de un discurso lineal sólido que permite identificar su quehacer dentro de la vorágine efervescente de la producción artística cubana más contemporánea.

Desde sus iniciales exploraciones y hasta este momento, se ha caracterizado por reflejar un compromiso por preocupaciones sociales, políticas, culturales, contextuales… La valía de ello se extiende además hacia la provocación dialógica y el intercambio que desde las artes visuales puede generarse. Cual arqueólogo social, es un artista que hurga en zonas sensibles del sujeto intentando ofrecer una perspectiva muy personal, su posible solución: una escapatoria a esa realidad escasa de esperanzas y oportunidades. En todas y cada una de sus producciones persiste una voluntad por rescatar la senda positiva del sujeto y su accionar.

El hecho de valerse tanto de la pintura, la escultura o el diseño para la realización de sus propuestas resulta una analogía con la multidisciplinariedad propia del arte contemporáneo, un reflejo que encuentra su contrapartida en la heterogeneidad de las artes visuales más recientes. Es perceptible un atinado maridaje entre la línea discursiva y estética que sigue con las prácticas emergentes que inundan el panorama artístico.

Sin necesidad de emplear tonalidades triviales o kitsch, ni trazos rebuscados o gratuitos, y distanciándose de toda superficialidad conceptual, Yuniel Delgado les proporciona a sus seres una dimensión de sobrevivencia, un entorno cíclico entre lo real y lo ficticio. Les da la posibilidad de orbitar en una zona otra pero a la vez real, y son las problemáticas sociales los núcleos fluctuantes al interior de sus piezas. El apego a las inquietudes del sujeto contemporáneo y una posible brecha de escape devienen matices constantes en su producción.

Es la pintura la manifestación madre de su discurso, como un telón de fondo que acoge en sí un espectáculo gestual y pictórico de marcado corte expresionista. Deudor conceptual y formal del legado de generaciones anteriores de artistas como Antonia Eiriz o Tomás Esson, cuyas representaciones permanecen perpetuas detrás de cada figura, de cada elemento, de cada paisaje – figurativo o abstracto – que Yuniel Delgado se repiensa desde su contemporaneidad.

Sin lugar a dudas, ya desde la propia visualidad de sus obras, son el color y el trazo la máxime de sus propuestas. Un color llevado, en muchas de las ocasiones, a una extrema energía en lo que a tonos oscuros u ocres se refiere; e incluso, a un tipo de corporalidad del color de acuerdo a los empastes y las texturas que quiera lograr. Pero también el trazo ejerce marcada fuerza en su quehacer, y rotula a partir de este una gama expresiva característica dentro de su producción, una constancia visual que lo tipifica.

Delgado Castillo gusta trabajar con los grandes formatos en función de estimular e impactar en el ojo humano. Logra un placer retiniano a gran escala que sumerge al espectador en la intensidad de los negros que predominan. Trazos fuertes y firmes, líneas y ralladuras consistentes de energía y continentes de conceptos, van proyectando cuerpos, cabezas, rostros, manos, sujetos y objetos cargados de enjundia consciente y reflexiva, aspecto inquebrantable de su producción.

Más que un mero ejercicio creativo o la redundancia en el desgaste social/moral de la humanidad, Yuniel Delgado reflexiona, siempre con matiz de fisgón, sobre el comportamiento y desarrollo del sujeto contemporáneo, optando principalmente por la grandilocuencia del lienzo. En la armazón de sus propuestas cobran sentido personajes anónimos a la vez que sociales, construidos a manera de ensamblajes o instalaciones modernas, para establecer conexiones con la realidad coyuntural experimentada, con un universo imaginado como sobrevivencia estratégica inherente al sujeto. La ironía, el humor, lo sugestivo y la metáfora le valen atinadamente a manera de recursos para su despliegue artístico.

El camino de Yuniel Delgado Castillo es aun joven en cuanto a madurez estético-conceptual. Su producción crece, su aliento de artista progresa y el sendero va iluminándose cada vez más. Sus lienzos transpiran un sello muy personal, un modus operandi de pautas precisas que le han favorecido el honor de producir telas originales e interesantes en la escena más emergente del arte cubano.

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