YOXI VELÁZQUEZ

Historias de escenario

Por Estela Ferrer

Los motivos de las obras, cumplir sueños.

Yoxi Velázquez (Holguín, 1988) es una creadora de atmósferas, una artista que gusta de disfrutar de la densidad estética de lo instalativo. Tal vez por eso y debido a su pertenencia durante la academia a la 4ta Pragmática, colectivo plástico dirigido por el Premio Nacional de Artes Plásticas René Francisco, es que el performance deviene también herramienta vital dentro de su poética. Es egresada en 2007 de la Escuela de Nivel Medio El Alba, Holguín y graduada del Instituto Superior de Arte en 2015.

Los amigos o La clase, instalaciones del 2009, ya evidenciaban el interés de la artífice por comunicar a través de este medio, valiéndose de la cualidad dúctil de diferentes materiales y del componente escénico. Por ello parte central de todo su proceso de trabajo es la composición de la escena, la escala y tipo de personajes, y la elección de las luces.

A partir de esta operatoria se estructura su discurso a la hora de expresar la colectividad a partir de su vivencia personal. Yoxi busca dotar de corporeidad los fenómenos sociales en que indaga a partir de sí misma, lo uno se amplía a lo múltiple. En esta rama, se hace vital la mención de su obra Alergia a los osos. La pieza alude a las ilusiones y sueños que se encuentran contenidos en la metáfora de un oso confeccionado a mano, y es difícil no repensar la infancia ante el magnetismo que emana de la figura bajo la calidez de la luz amarilla.

Sin embargo, la empatía de Alergia a los osos se transforma en pura fuerza en The good dog, una de sus mejores piezas escultóricas y quizás también donde su capacidad para hacer coincidir múltiples referentes dentro de su arte se hace más evidente al ser el buen perro resultado de la fusión de varias razas. Es esta una de sus obras más complejas desde el punto de vista de la recepción artística. No sería hasta Nap, su exposición de tesis de los estudios superiores, que aparecería por primera vez en su trabajo escultórico la figura femenina. Las piezas─ realizadas con resina epóxica─ constituyen autorretratos que se detienen en el estado del sueño como espacio para las utopías y los deseos.

Una parte importante en su quehacer es, sin dudas, su participación en Ciudad generosa, intervención que tuvo lugar durante XI edición de la Bienal de La Habana. Dentro de Ciudad generosa en su espacio Banco de nubes llevó a cabo tres acciones que invitaban al público primero, a compartir de acuerdo a presupuestos muy ligados al arte relacional; segundo, un proceso introspectivo dentro del escenario creado que aludía a los afectos y finalmente, en el marco de la ciudad su cuerpo atrapado por el entorno al estar bajo un círculo de cristal como parte de la serie Sueños inconclusos.

El camino del performance lo seguiría después. Circunstancia (2010), Rezos (2011) y Open (2013) son tres acciones performáticas que ilustran la filiación de su trabajo a temáticas sociales al tomar como punto de partida fenómenos de esta arena. En Circunstancia, interesa la idea de descolocación o relación del ser con un espacio impuesto y cómo el cuerpo no soporta la presión; mientras Open presenta al cuerpo como un objeto vendible, abierto a una transacción comercial.

En la fotografía o en caso de la documentación de los performance, fotoperformance, se detonan otras capas importantes de sentido dentro de su trabajo, que se inclinan más hacia lo político: Colección de sueños inconclusos (2007), la serie Militantes (2010), Pata de elefante y I love Cuba (2012) son piezas importantes en este tema. Las reflexiones se centran en los roles sociales al asumir determinada postura ética y en la frustración personal dentro del contexto.

Al mismo tiempo, en ocasiones la artista prefiere detenerse en obras de un marcado enfoque de género. Su mirada se centra en los clichés que acompañan las visiones de lo femenino, las relaciones entre el cuerpo como espacio privado y público y las relaciones filiales que se mantienen a lo largo del tiempo. Son todas imágenes de gran fuerza que seducen no sólo por los encuadres elegidos y los símbolos con que hace dialogar a su propio cuerpo, sino por la expresividad que le aporta el blanco y negro.

En conjunto, la obra de Yoxi Velázquez destaca dentro del panorama del arte cubano contemporáneo y en su marco generacional por la sobriedad en la ejecución, la concreción de problemáticas sociales que parten de lo individual para hablar de la colectividad, la sutileza de la metáfora, el enfoque de género y la dramaturgia escénica. Son historias de escenario.

Ver más obras del artista