YONLAY CABRERA

Semblanza personal

 Por Y.C.

Mis primeros años de estudio en una escuela de arte me permitieron superar el complejo de culpa que sienten algunos, ante una posible incapacidad técnica. En ese tiempo dibujé de forma frenética y pinté cuanto pude, mientras sentía que necesitaba hacerlo. Al parecer tenía buena mano, según las notas que obtuve por los ejercicios de clase y los criterios de mis colegas de entonces. Después, pasé cinco años de estudios universitarios en la carrera de Historia del Arte. Esa formación dual tanto desde la práctica como desde la teoría, ambas con el rigor de dos academias ancladas en modelos decimonónicos, marcó inevitablemente mi forma de entender el arte.

En mi trabajo, he tratado de mantener a un mismo nivel la intuición emocional y la racionalidad teórica. Pero esta situación me coloca bipolarmente entre dos campos que se contraponen y excluyen entre sí. Quizás por eso trato todo el tiempo de buscar una intermediación transdisciplinar en otras ramas del conocimiento, que complementen la batalla de intereses que enfrento conmigo mismo al concebir una obra.

El camino que he seguido en los últimos años ha sido investigar la relación entre arte, ciencia y tecnología en entornos de colaboración. El producto resultante aspira funcionar de forma autónoma en cada uno de los campos implicados, sin protagonismo excesivo hacia un lado u otro. Mi posición en cada proyecto, ha sido la orientación temática y acaso la toma de decisiones puntuales; pero ello nunca de forma impositiva, pues respeto mucho la capacidad creativa de los colaboradores.

Un nuevo giro de intereses surgió en mí, tras el profundo impacto que sentí al leer La Crítica de la razón pura de Immanuel Kant. De ese punto en adelante, comencé una voraz sucesión de lecturas que me llevó a descubrir la lógica, y con ello todo un apasionante mundo en la lucha del intelecto humano por sobrepasar sus límites y tratar de comprender lo más certeramente posible las capacidades de la razón. De vuelta al mundo del arte, comencé a reorientar mis referentes partiendo de la ruptura de los años 60, específicamente las inclusiones a nivel conceptual de artistas como Hanne Darboven y Bernar Venet, la disciplina de Roman Opalka y On Kawara y el espíritu minimalista de Fred Sandback y François Morellet.

En Cuba la búsqueda me llevó hasta los concretos, específicamente a Sandú Darié, artista por el que siento una gran admiración. Con mi trabajo futuro pretendo extender a nivel analítico sus investigaciones sobre la distribución espacial de estructuras y sistemas modulares variables.

Paralelamente continuaré estudiando los cambios sociales incorporados por las nuevas tecnologías, con énfasis en la dimensión ontológica del sujeto desconectado; el libre ejercicio de la voluntad ciudadana y la importancia de la ética como sustento de la expresión individual.

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