REYNIER LEYVA NOVO

Morir de luz

Por Yornel Martínez

Cuba viuda pasa…
José Martí

La Historia es una escritura, en la escritura de la historia visible podemos leer también las metamorfosis de la historia invisible, su lectura es siempre un acto de desciframiento: un acto personal y crítico.

Este interés por la Historia Nacional que podemos ver en el trabajo de algunos artistas cubanos contemporáneos, como es el caso de Lázaro Saavedra, José Ángel Toirac o Alberto Casado, constituye una forma particular de acercarse, en nuestro contexto, a los procesos históricos, para cuestionarlos y plantearse nuevas lecturas. La historia no es algo puro e intocable que tengamos que salvar de manipulaciones y engaños. Como dijera Octavio Paz: el hombre no solamente es un objeto o un sujeto de la historia, sino que él mismo es la historia, él es los cambios.

En el caso de Reynier Leyva Novo (El Chino), joven artista egresado de la Cátedra de Arte de Conducta creada en el 2003 y dirigida por Tania Bruguera, es evidente su interés por lo histórico, aunque la historia sea para él, simulacro de una realidad más vasta. Novo en sus obras juega con las ya aprendidas nociones de “Historia”, para propiciarnos -desde una sensibilidad poética- nuevas aristas que modulen nuestro acercamiento a lo histórico, sus cuestionamientos traen luz sobre procesos que despiertan un nuevo conocimiento.

Rey no es de esos creadores que circunscriben su producción simbólica a la utilización exclusiva de un medio, se vale en su proceso creativo del video, la fotografía y el diseño y digo se vale, porque sus inquietudes apuntan hacia búsquedas que van más allá de la propia utilización del medio; donde sus obras, como textos apócrifos, logran articularse desde nuevos referentes, ya sea por la sólida investigación que las sostiene o por sus recursos cargados de metáforas.

Me sorprende siempre, su cuidadosa manera de presentarnos las obras imbuidas de una sacralidad que viene a reforzar su contenido, solución que muchas veces sirve para dinamitar las significaciones. Paradójicamente Novo utiliza las mismas herramientas del discurso político y nos acerca a su colección de imágenes, para hacernos cómplices de la ambigüedad de los relatos oficiales y toda la grandilocuencia épica que forma parte ya de nuestro imaginario colectivo.

Hacer una escisión en su trabajo, nos ayudaría a ver de forma clara el hilo de sus propuestas. Los olores de la guerra, y la serie 50 Aniversario, nos dejan ver las distinciones, Los olores… nos transmiten esa carga heroica, casi epopéyica de los grandes próceres de la nación y la serie 50 Aniversario desde una postura más crítica logra subvertir la lógica del discurso oficial, aunque ambas obras pertenecen a series distintas, forman parte de un mismo cuestionamiento. Con esto no quiero preconizar ningún principio independiente, pues no es mi interés marcar de forma maniquea esta dualidad. Pudieran ser más bien cómo las dos caras de una misma moneda.

Este contrapunteo en la obra del Novo, es algo que resulta muy interesante: por un lado los grandes próceres de la nación y el carácter de un destino nacional, visible en su obra Los olores de la guerra, perfumes obtenidos a partir de elementos distintivos de tres enfrentamientos bélicos de las guerras de independencia de Cuba: Jimaguayú, Dos Ríos y San Pedro, la selección se debe a que en estos sitios cayeron en combate tres de los más grandes hombres de nuestra gesta independentista, el Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, el Mayor General y Presidente de la República en Armas José Martí, y el Lugar Teniente General Antonio Maceo. Y como antítesis, la pérdida de fe en la utopía, visible en la serie 50 Aniversario, colección de T-shirts con una sugerente variedad de diseños, obras que me hacen recordar La estética práctica de Arturo Cuenca, y todo el aprovechamiento de la moda y su arraigo cultural.

En Los olores de la guerra el acercamiento a lo histórico queda para siempre impregnado del sutil misterio de las sensaciones en el recuerdo, aproximaciones sensibles, o una nueva forma de ver la historia patria; cuando los fragmentos de la totalidad se nos escapan, el Chino con esta obra viene a exigirnos la penetración en un mundo incesante de evaporaciones. El artista deviene alquimista, para acercarse a subjetividades diversas y regalarnos estas fragancias cargadas de dramatismo.

Con los pullovers de la serie 50 Aniversario el Chino utiliza la ideología política como forma personal de comparecencia pública: imágenes ideológicas convertidas en artículos de consumo. Estas obras participan de una especie de estetización ideológica, donde la actitud crítica deviene cuestionamiento del lenguaje y su lógica. Ya no es posible – a la altura de hoy – seguir creyendo que la crisis de nuestra nación, no pasa además por la psique individual y el imaginario cultural colectivo. Novo nos acerca con esta, su museografía de la cotidianeidad, a un simulacro heroico. Como dice uno de sus pullovers: Ni a favor ni en contra, todo lo contrario. El ropaje de la verdad es a su vez el cinismo que nos hace cómplices.

Ante la eterna miseria que es el acto de recordar, Novo guarda el fino presentimiento de que nuestra Historia Nacional aún no ha sido escrita.

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