REYNIER FERRER

Narraciones furtivas:
El arte abstracto maś allá de sus maŕgenes

Por Píter Ortega

La abstracción es hoy día un arte difícil, complejo, sometido a una recepción sumamente polémica. Muchos se cuestionan incluso su pertinencia en los tiempos que corren. Otros consideran que su democracia y tolerancia en materia de oficio pictórico puede dar pie a numerosos oportunismos. A algunos les resulta muy resbaladizo (y a veces imposible) establecer una escala de valores dentro del arte abstracto, para deslindar lo bueno de lo malo, lo valioso de su opuesto. Y el contexto cubano no escapa a tales problemat́icas. En nuestro panorama actual proliferan muchísimos artistas dentro de dicha vertiente, pero se pueden contar con los dedos de una mano aquellos nombres que hacen de la abstracción un arte de rigor y consistencia, a la altura de su legado histórico y de las exigencias de los tiempos actuales. Dentro de esa reducida nómina se ubica el joven artífice Reynier Ferrer Pérez, cuyas propuestas se inscriben dentro de la abstracción expresionista, y evidencian una madurez admirable para la edad de su autor.

Una prueba de lo anterior lo constituye la exposicioń que nos ocupa, Between the tides (Entre mareas), cuyo título alude a las experiencias del creador entre su isla natal y los Estados Unidos de América, experiencias siempre sui generis, inextricables, tentadoras, in dóciles. Y justamente en dicho título se evidencia una de las virtudes del arte de Ferrer: su habilidad para generar narraciones puntuales desde un arte cuya esencia misma se ha situado históricamente más allá de cualquier anécdota, toda vez que ha privilegiado siempre las formas puras, el imperio de la autonomía plástica. Frente al ensimismamiento o la tautología estética de la abstracción, Ferrer se empeña en generar discursos, ideas, mensajes inteligentes. Más allá del aislamiento formalista, él quiere problematizar en torno a temas diversos, que van desde el orden social hasta el psicológico, el antropológico, etc.

De la diada forma contenido, el arte abstracto ha ponderado generalmente el primer término, en detrimento del segundo, llevado casi hasta niveles de absoluta nulidad. Reynier pretende equilibrar dicha balanza, y hace énfasis en los contenidos de sus trabajos tanto como en los elementos y leyes del diseño. Sin descuidar el oficio o la factura, se interesa visiblemente por el rubro del significado. Y claro que para eso los nombres de las piezas juegan un papel decisivo. Una prueba de ello son los rótulos Insoportable optimismo, Amor de rubia, Lo tuyo se comenta, Welcome to Sobe, La siesta del conejo, entre otros, los que ostentan un halo poético y un sentido del humor muy meritorios.

Desde el punto de vista estilístico, las obras del artista se caracterizan por la primacia de las texturas reales, provocadas por espesos empastes con materiales disímiles, lo que trae como resultado superficies densas, que invitan todo el tiempo a la indagación táctil. Asimismo, las composiciones son muy versat́iles, mutables, ajenas a cualquier esquematismo, y dejan ver una creatividad muy marcada por parte del autor en lo que atañe al diseño de las líneas estructurales básicas, la disposición de las áreas dentro del campo visual, el equilibrio de estas, etc. El empleo de los chorreados también resulta muy osado en las obras, así como el uso del color, a partir de combinaciones muy variadas que se valen de los acentuados contrastes como recurso fundamental.

Todo lo anterior hace que sus cuadros no conozcan la monotonía, la reiteracioń. Se presentan siempre rejuvenecidos, renovados, ávidos de experimentación, de nuevas aventuras estéticas. Lo cual se agradece sobremanera, y confirma su nombre como uno de los exponentes maś significativos del arte cubano de los últimos cinco años.

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