Luis Saldaña

Hacia el azul profundo

Estela Ferrer

El mar, siempre el mar, parece vaticinar a unánime voz la obra toda de Luis Alberto Saldaña Soto (Güines, 1987), y es que en ese azul incontenible, inconmensurable, encuentra el artista su puerto y asidero. Entre sus aguas la magia ocurre, un proceso inteligible en el cual él descubre un universo otro, plagado de disímiles imágenes donde a ratos se distinguen las influencias del surrealismo o el realismo, pero invariablemente usando a la pintura como medio. Saldaña se graduó de la Academia Provincial de Artes Plásticas de Provincia Habana Eduardo Abela en la especialidad de Pintura en 2006. Ha recibido reconocimientos en salones provinciales y su obra ha sido parte de diversas exposiciones nacionales e internacionales.

Es la suya una producción de variedad visualidad, signada por su apuesta por el paisaje. Un paisaje que por instantes asume marcas metafísicas e indaga sobre el presente, la circunstancia y lo trascendente. En gran medida, el hecho de vivir en Mayabeque ha potenciado su acercamiento al entorno natural, a los muelles. De ahí que su vivencia personal sea la fuente vital de donde nacen sus creaciones.

La serie De mares y retornos manifiesta el primer momento en el que el mar tiene su atención y las representaciones asumen legados disímiles: surrealismo, realismo, impresionismo. Daría continuidad a Piedra viva, donde Saldaña cambia su operatoria y ahora desde un elemento natural protagónico organiza toda la composición. Diferentes rocas son pintadas por el artista en múltiples contextos creando a través del título, nuevos significados, estos varían desde una carretera, un césped o una habitación, pero en todos sin excepción el duro material no es otra cosa que metáfora del ser humano, de sus conflictos internos. La materia es entonces simple excusa, disfraz para encubrir el alma.

La preocupación por soluciones formales cercanas al fotorrealismo y la transformación de su poética se patentiza en Insulares, donde reflexiona sobre la circunstancia de la permanencia en la isla. La modificación de los objetos nace exactamente de ser emplazados dentro del espacio marítimo y ser extraídos de los habituales como la escalera en Exit o Vecino, ambas piezas hacen una clara alusión a la emigración.

Entropías conforma un mapa de resistencia, de contienda entre los objetos y el mar, ya no siempre un mar que no lacera, sino uno que marca donde se nubla el horizonte y evidencia las marcas del salitre sobre los objetos, su erosión. Al igual que en Piedra viva la atmósfera vuelve a ser un elemento fundamental para que la pieza posea mayor energía. El objeto evidencia el transcurrir del tiempo. El desgaste que provoca y el óxido quedan como huella de lo corroído por las aguas, del éxodo, las cicatrices y evocaciones de un continente. Entropías revela desde la pintura una cartografía del desarraigo con todas sus implicaciones: los nuevos retoños, los testigos, el tráfico y los sobrevivientes, de la espera que, a veces, se torna infinita.

En la actualidad el mar es motivo, fragmento, principio y fin. Saldaña ha alcanzado un punto de diálogo tan intenso con su inmensidad que ahora busca apoyado por la cámara momentos de cambio, transformaciones en su anatomía, manifestadas en ondulaciones y color. Los objetos están presentes, pero ahora no dentro de las aguas, sino apenas en su borde, como asomados para así provocar un reflejo. 

El discurso, entonces, se permea de cierto narcisismo, de un coqueteo de una profunda poesía visual donde uno usa al otro como espejo y se genera una complicidad dual. El resultado son piezas que van del conjunto en pequeños formatos hasta cuadros de mayores dimensiones que parten de la fotografía y se acogen a los legados del impresionismo, por ello su gran contenido expresivo. Un camino que iniciara por la extracción de las figuras del ambiente urbano, cotidiano y su emplazamiento en el mar –como atlantes portadores de un contenido previo que asumen otro ropaje, el de la insularidad– ahora se trastoca, muta hacia una circunstancia donde hasta la realidad diluida empieza a ser documentada. 

Las distorsiones de las formas sitúan su obra en los límites de lo abstracto, al punto de poder ser vista como una conceptualización de la realidad a través del agua y sus reflejos. Hacia el azul profundo, fuente de vida y muerte nos remite Saldaña como un desafío a conocer cada uno de sus entuertos desde sus inmediaciones o en el centro de su fluidez. En cualquiera de los casos siempre una aventura teñida de añil donde el agua se resiste a develar todos sus secretos.