Luis O Álvarez ‘Pako’

La revelación del ser

Por Cassiel Martínez

La grandeza del artista consiste en su capacidad de expresar la existencialidad y sus matices de una manera extraordinaria; capaz de acariciar la sensibilidad de todo aquel que contemple su obra, cargada de una emoción que la transciende a sí misma. Su talento para construir un lenguaje que, aun transmitiendo un mensaje personal e íntimo, lo convierte en colectivo y universal.

Lejanos y míticos nos parecen los pueblos celtas y las culturas nórdicas, sus gélidos ambientes y sus legendarias batallas. Sin embargo, una vez más el arte evidencia la atemporalidad y la infinita capacidad de significación que posee el símbolo. 

Luis Orlando Álvarez ‘Pako’ en su serie El viaje de Adán rescata elementos de estas civilizaciones para mediante ellos dejar fluir un discurso introspectivo en el que persigue la unificación de su cosmos interno; así como el árbol Yggdrasil unía los nueve mundos en la mitología nórdica. 

En esta serie, ciervo y lobo, animales totémicos de esas culturas antiguas, se transforman en personificaciones de la dualidad humana, de esas fuerzas internas y ocultas que luchan incansablemente por dominar el Ser. Unas veces desean autodestruirse; otras, danzan, se complementan, se sacrifican, se cazan, se trenzan, se devoran. Persiguen alcanzar el núcleo, en el que fundidos en una unidad, logran hacerse eternos e inmortales.

Los tonos rojizos y azulados, el uso de distintos formatos y tamaños, acentúan la yuxtaposición de estados. Ambientes contenidos, visualmente con influencias barroca y expresionista, y una pincelada de melancolía romántica. La diversidad compositiva y estructural de las piezas aporta dinamismo a la serie. En las pinturas, se aprecia una lucha por escapar hacia la conquista del volumen, por ello no son fortuitos los detalles al relieve, las texturas y los objetos añadidos al lienzo. El artista trabaja el metal (hierro) artesanalmente, que remeda a la tradición de los pueblos celtíberos. Añade sutiles guiños autobiográficos (usa sus propias uñas en uno de los cuadros, parte del cuerpo en constante crecimiento; resignifica un cuchillo perteneciente a su abuelo). Además, utiliza materiales variados, en su mayoría, telúricos: carbón, tierra, madera; apoyándose en lo ancestral como punto de partida hacia el descubrimiento.

En un mundo, como el actual, donde la tecnología domina cada momento de nuestro día, donde construimos una existencia escenificada para los demás. En el que estamos expuestos constantemente, centrados en la imagen que proyectamos al exterior y nos queda muy poco espacio para una introspección honesta y profunda. En tiempos como estos, se hace imprescindible la presencia de discursos artísticos como el de Pako, que parten de la necesidad primaria de la búsqueda, la inquietante pregunta de hacia dónde nos dirigimos. Discursos en los que se aprecia el hilo imperceptible que conecta nuestro Ser incipiente con el héroe que finaliza su viaje hacia la conquista de sí mismo y la comunión con el Universo. 

Sus títulos poéticos y metafóricos, especialmente simbólicos en toda su dimensión, vislumbran un imaginario particular que transciende la visualidad y alcanza un matiz literario. El artista acompaña alguna de sus muestras con textos de su autoría, recreados en atmósferas semejantes a las de sus piezas y con la participación de sus mismos personajes.  

El trasfondo antropológico de estas obras le permite conectar, establecer un vínculo con cada espectador, quien más allá de fábulas pictóricas reconoce la presencia de un mensaje intrínsecamente humano. El artista apela al inconsciente desde arquetipos colectivos que probablemente no reconocemos hasta este momento; pero que cualquiera de nosotros es capaz de traducir y resignificar. 

Una vez más la creación artística nos desvela un nuevo sendero hacia lugares desconocidos e inexplorados de nuestro ser. Su contemplación detiene el ritmo vertiginoso de la rutina que nos dirige a toda prisa hacia algún sitio sublime, que perseguimos expectantes y resulta ser un espejismo creado por la sociedad; o muchas veces, por el contrario, que nos lleva a ninguna parte. Esta serie nos invita a, ser partícipes activos de un proceso interior y vital, que en cada individuo tomará la personificación que le identifique, y que como sus reiteradas formas circulares, debe ser culminado. 

El viaje de Adán construye una representación simbólica de la travesía que emprendemos hacia el autoconocimiento. Una hazaña personal que dura toda la vida…