LÁZARO SAAVEDRA NANDE

Adiós Charlie Brown, o juguemos con la Coca Cola

Por Estela Ferrer

Supongo que es puramente una cuestión de horizonte temporal ya que mi generación creció con Disney, y las fantasías de los príncipes y mucho menos tecnología. Esos condicionamientos culminan generando otros modos de pensamiento, pero para los jóvenes de hoy ¿qué puede representar Charlie Brown, personaje principal de la serie de tiras cómicas -y su posterior estreno en televisión de la mano de Bill Meléndez- conocida por el nombre de Peanuts, del norteamericano Charles Schulz?

El arte ha demostrado ser un campo muy fértil para las interpretaciones. Ese chico -Carlitos- inquieto y nervioso de seis años, que permanentemente usa camisa amarilla con franjas negras, pantalón negro, zapatos cafés y sólo tiene tres pelos en su cabeza, sirve al joven artista Lázaro Saavedra Nande (La Habana, 1995) como arquetipo para hablar de su generación.

A primera vista desfilan por cartulinas y lienzos: Batman, los amigos de la pandilla de Charlie Brown, modelos y actrices americanas, como fundidos en un carnaval que sigue más bien las marcas de una generación, el ritmo característico de las sesiones de música electrónica y los espacios de moda de la dinámica vida habanera.

En la obra de Lazarito abunda la cita, el referente histórico, ya sea en un hecho social o político. Existe una voluntad de adentrarse dentro de espacios donde acuden personas de alto poder adquisitivo y desde ahí hacer una crítica, al mundo «pijo». Sin embargo, su focalización en fenómenos que alcanzan mayor intensidad entre los jóvenes, no lo aleja de analizar las situaciones desde otras aristas como la irreverencia. En un tiempo donde moda y tecnología han conquistado gran parte de la vida privada y urbana es atendible ver a un joven artista tomarle el pulso a lo que acontece.

 

Del Tabú a Requiem to Ortensia

Hagamos un alto. Schulz, quien declaró varias veces a la historieta como género menor, logró un gran reconocimiento por incorporar la vida cotidiana de sus personajes, por la lucidez que tenían varios-a su corta edad-para enfrentar y analizar problemas. Y, un detalle importante, toda la serie va sobre la adolescencia y niñez. No hay adultos.

Lazarito discursa sin temor, sobre fenómenos de las dos orillas y Carlitos-aunque no es su único personaje-le sirve de ícono motivacional, habla del otro lado. Evoca esa otra cultura en comportamientos, prácticas como la fiesta rave, las salidas de amigos y, al mismo tiempo, simboliza una cultura hippie, ajena, pero retomada con gran fuerza en la isla después de ser vetada por años, al ser considerada ideológicamente incorrecta.

Talking about my generation pudiera parecer solo la documentación de todos los modelos extranjeros, recuperados-después de grandes críticas-y puestos como centro de culto e imitación. Sin embargo, su obra como mismo documenta, critica. La chica semidesnuda, la gárgola que oficia como centinela, los personajes de películas americanas junto a colores a lo pop y el ícono de la carita feliz integran su discurso. Todos constituyen figuras que le sirven para su principal meta: hablar de su tiempo.

La producción de Lazarito va a alimentarse de ese pasado histórico, plagado de símbolos e íconos, que van a ser representados en un dibujo muy limpio, trabajado a simple lápiz o a modo de collage. En el segundo caso, el personaje o personajes principales van a dialogar con figuras extraídas de tiras cómicas, envases de productos importados e indistintamente serán colocados sobre fondos estridentes.

En ocasiones, estas ideas son resueltas a partir de intervenciones u obras instalativas. Intercambio y diálogo abierto muestra una lata de Ciego Montero junto a una Coca Cola. Es su modo, desde la metáfora, de aludir a la relación bilateral entre ambos países, no sin cierta dosis de ironía. En Tabú apela a una solución diferente al unir sobre una mesa varias revistas de cómics, y apuntar directamente a lo que no se podía consumir en los 60 y, finalmente, en Réquiem to Ortensia, parte de una historia-una de sus pocas piezas que es totalmente narrativa-donde se conocen el primer artista primitivo y la primera crítica de arte, una obra muy empática que sugiere a la relación dual entre ambos saberes.

 

Dilo como Elvis

El juego con arquetipos realmente no es nuevo en la Historia del Arte. Pensemos un momento en nuestro Carlitos, que decide afrontar los problemas de su vida tanto en soledad como en compañía de sus inseparables amigos. En la poética de Saavedra ese estado se sustituye por uno de anestesia o por una postura, la de ser un joven con actitud elvispresliana; título de una de sus instalaciones que se constituye de un vaso con la figura de Fidel y la consigna ¡Viva Cuba Libre!

Sin censura (según un chico con carcasa de pijo) y Con un arte por los pijos y para los pijos (dentro de los pijos todo, fuera de los pijos nada), son dos series que continúan tomando como centro del discurso meditaciones acerca de su generación. Cierra este tema la serie Nuevos Pinos donde hace alusión al discurso de Ernesto Che Guevara sobre el concepto de Hombre Nuevo que debía nacer y ser parte y fruto del naciente proceso revolucionario.

En estas últimas obras las soluciones son disímiles, pero todas parten de un estudio minucioso de la historia de Cuba, Estados Unidos, China o Rusia, según el caso. Hecho que demuestra su necesidad de constantemente estar informado. Cada pieza discursa sobre el presente-o un extracto breve-de tiempo, pero si algo posee es seriedad en su ejecución y en la propuesta que plantean. Lazarito ha elegido temas complejos, que sitúan a la historia como centro medular no pocas veces de su trabajo, incluso cuando parece que solo la música al estilo de los Billboard o Ibiza le interesa.

El universo pijo lo que le aporta son modos, un leguaje diferente para expresarse que lo conduce a una actitud más liberadora, desprejuiciada, enérgica y pop. Podría decirse que esa es la fuente de sus soluciones visuales, donde la Coca Cola convive sin problemas con una imagen de la princesa Jasmine desnuda para hablar del prototipo de las nuevas chicas. En este espacio contaminado de informaciones de Facebook y tantas redes, nada mantiene su valor como algo sagrado, intocable. Las acciones, figuras y hechos pueden ser puestos entre paréntesis, desprovistos de su carácter sacro. De todos modos si el proceso de recepción se le hace complejo no se preocupe, él sólo le propone decir a ratos, hola y adiós a Charlie Brown o seguir jugando con la Coca Cola.

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