JULIO FIGUEROA BELTRÁN

Descifrar el enigma de su visión

Por Daniel G. Alfonso

Hay que mirar la obra y confrontar con ella, no con el creador.

Michael Haneke

La pintura, en la actualidad, y para sorpresas de muchos sigue por buen camino. Los artistas cubanos -no importa lugar, espacio o contexto donde se encuentren- siguen trazando nuevos retos visuales y se han propuesto renovar el lenguaje pictórico. Esta manifestación a pesar de las nuevas tendencias como el instalacionismo, lo objetual, el conceptualismo, se seguirá aplicando a la tela y, creadores como Julio Figueroa Beltrán tiene en su quehacer óleos que nos provocan nuevas sensaciones y nos hace reflexionar sobre los cambios estéticos, formales y conceptuales que presenta la pintura en nuestros días.

Julio Figueroa Beltrán, sabe que la pintura es un medio que le permite construir pequeños universos ambiguos, fascinantes, de apariencia lúdica y de un espíritu cercano a la irrealidad. Pintar es su pasión, elemento que podemos apreciar en cada uno de sus cuadros; asimismo, ante ellos nos encontramos en un estado inusual, pienso, en un ambiente de relajación, de reflexión, de enajenación con todo lo que nos rodea. Es como si dos mundos se comunicaran, como si la realidad y la ficción se entremezclan en la mente del que observa sus lienzos.

Su ser interior se exterioriza con cada obra, son representaciones -únicas y con un sello personal- que se acercan o son simulaciones escenográficas de inspiración metafísica; son construcciones donde el sujeto se halla solo consigo mismo. Por ello, se puede afirmar que, Figueroa Beltrán crea con estas telas que coloca a juicio del público nuevos significantes, tanto en términos estéticos y formales.

Su producción irradia o hace referencia directa a las pinturas de René Magritte, Luc Tyumans, Peter Doig, Remedios Varo, Giorgio de Chirico; y, es por eso, que recuerdo sus palabras cuando decía que “para que una obra de arte sea inmortal, debe salirse completamente de los límites del ser humano y debe aproximarse al mundo de los sueños”. Julio Figueroa sueña, y digamos que en grande. Cada cuadro refleja el momento actual que estamos viviendo, son actos purificadores de nuestra realidad más cercana.

Debemos aclarar que nuestro artista vive y trabaja en la ciudad de Miami, un factor que influye directamente en sus lienzos, en el modo de representación y a la hora de crear nuevos significantes y significados. “El acceso a información visual de tan diversas procedencias ha sido un elemento determinante”, nos comenta el artista. Ello, le ha posibilitado estudiar e investigar más sobre la pintura y sus contemporáneos; asimismo, con sus pesquisas realiza una obra diferente y muy personal en la que acude a su memoria y su acumulada experiencia.

Sus representaciones, digamos que teatrales u oníricas, elimina toda posibilidad de ubicar al espectador en un momento determinado de la realidad. Pasado y presente, realidad y ficción se entremezclan entre sí para dar paso a múltiples lecturas. Son el nacimiento de visiones enterradas en las profundidades del subconsciente de Julio Figueroa, es un largo y coherente discurso disfrazado de ironías, metáforas, parodia y simpatías.

Su producción se puede catalogar como un extenso libro en el que observamos imágenes que se funden y enlazan una poética personal, enérgica, arriesgada y, sobre todo cargada de una sinceridad que recuerda que el arte es expresión única y que las emociones y la irracionalidad están ineludiblemente unidas.

Cada uno de sus cuadros, con una temática diferente, comparten el universo de lo surreal como alegoría de sus sueños sin espacio ni tiempo. Son viajes a su interior que manifiestan su afán por el mundo que le rodea y que le es próximo. Sus pinturas son cosmos pictóricos de gran fuerza imaginativa y de una poesía visual insuperable, tal vez, como los sueños que una vez tuvo cuando niño.

Julio Figueroa Beltrán pertenece a una generación de pintores que quieren escribir su capítulo por ellos mismos, donde vemos como siguen tras una nueva utopía: la autonomía del arte y, porque no, de la pintura.

También vemos como en el resultado final de sus piezas se encuentra el retorno a la sensualidad y a la subjetividad del propio artista, por ello, pienso que en el proceso creativo nuestro creador se encuentra en un estado fuera de lo común; estado que le posibilita ir y venir, tomar y dejar un camino determinado dentro de las diversas técnicas pictóricas. Sus imágenes, sus escenas y sus personajes dentro de la composición das la posibilidad de explicar el mundo interior de Figueroa Beltrán.

Tal vez todo ese collage que se produce al interior del lienzo sea una semejanza a los tiempos que vivimos en pleno siglo XXI, es una mixtura que desempeña un juego real o irreal que muestra visiones paradójicas de lo desconocido. Es un clima inquietante creado para forzar al espectador a que se incorpore y penetre en la obra y así pueda descubrir por sí mismo diferentes significados, pistas, signos y señales sobre toda su producción.

Son pinturas en las que Julio Figueroa nos lanza una adivinanza sin solución, en la que como público nos implicamos y sin quererlo creamos una nueva realidad y, tal vez, podamos descifrar el enigma de su visión.

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