JASSIEL PALENZUELA

Falencias

Por frency

Parece que vivimos en una contemporaneidad en la que muchos no somos conscientes de lo que se mueve tras lo que se nos presenta como “realidad”. Somos pocos los que nos interesamos por intentar ver “más allá” y escudriñar en las costuras de los sistemas o los campos de acción humana. Somos cada vez más adictos a la necesidad de comunicarnos des-comunicándonos, de pretender realidades que no son tal cuales, o vivir otras que se nos ofrecen y a la vez, como en bucle, alimentamos con nuestro consumo.

Mucho de esto sustenta hoy, acaso incrementará, nuestras maneras de interactuar desde los niveles más ínfimos hasta los macros. Desde un simple móvil hasta una compleja consola de interacción multisensorial –en los casos más felices con conectividad mediante– estamos “regresando” a la realidad y la expresión múltiples, ya anunciadas desde la prehistoria y reafirmada con los retablos medievales 1. Pero hoy de otras formas, donde volvemos a creer, ante tanta incertidumbre presente, en esas otras realidades con las que convivimos y nos confundimos o fundimos.

Eso parte de una humana necesidad por reinventarnos. Eso nos ofrece la tecnología: reinventarnos y con ello reedificar de otro modo nuestro mundo también espiritual –aunque muchos sean invidentes a este hecho: la avanzada del siglo XXI nos acerca a dimensiones y expresiones que parecían perdidas mas estaban reposando, a la espera–. Presuntamente el arte es parte de esas necesarias reinvenciones humanas. Y dentro del arte, algunos medios nos ofrecen más posibilidades de ingenio expresivo respecto a otros.

Es sabido que considero a la pintura como uno de esos medios donde más difícil resulta recrearnos. Son contados para mí los ejemplos de autenticidad desde la pintura, como desde cualquier uso de los medios expresivos cuando resulta de una fórmula probada o de un anonadamiento técnico. Por eso son puntuales mis escritos sobre artistas que han hecho de la pintura un medio aún pertinente. Y este, incluso con los riesgos que implica para el artista a quien me referiré, es uno de los casos.

Supe de Jassiel Palenzuela por su contacto con nuestro website 2. Al tener una “vista previa” de lo que ha hecho me contenté con un posible encuentro. Editamos y programamos su perfil en la web y planeamos el vernos. Con toda modestia nos abrió su alejado espacio y realmente causa placer cuando uno se detiene ante obras –perfectibles y riesgosas, por supuesto– más interesantes en directo que mediadas por las trampas de un dossier, con la edición y el procesamiento de imagen que esto implica para seducirnos. Luego, por merecerlo, obtuvo el premio del Salón de la Ciudad de La Habana. Y confieso que aunque fuera parte del jurado, mayormente los presentes coincidimos en su obra, no ejercí influencia alguna para su distinción –algo fuera de toda ética aunque unos cuantos lo practiquen–.

Mientras algunos se disfrazan con falsos conceptos refritos, u otros engañan con un aspaviento pictórico de “segundos de vida” o con el relamido resultado que mata la frescura del gesto, existen algunos que piensan la pintura como una “leonardiana” acción sensorio-mental, de persistencia, de proceso impenitente; en suma como acción intelectiva y emocional que procura otros alcances y traza otras relaciones.

Volver a la pintura para Jassiel parece un amparo personal ante la desidia y la superficialidad que vivimos y el excesivo bombardeo de contenidos de consumo, pero no para esconderse en la belleza esteticista, que su obra la tiene por cierto; más bien para deglutir lo que consume y devolverlo como un recodificador burlesco. Jassiel es un gamer, y asume la gracia del vintage computacional para remontarnos a aquellas obsesiones del proto-pixel de Seurat que con la era electrónica y digital se redimensionaron dentro del entramado de sensaciones vibrantes que hoy usamos para mucho, sin notar que vivimos en una época donde el arte se vale del error como contenido.

Sus lienzos, como en lo mejor del graffiti, del bad painting, de los postvanguardistas, experimentan con un entramado de relaciones que generan caminos paralelos, transversales, entrecruzados, no lineales, no aristotélicos, descubribles si detectamos la Data procesada mediante pastiches propiciados por el recurso expresivo del glitch 3.

Homenaje interno a la pintura, las suyas intentan abrirnos a dimensiones que trascienden ese medio. Es cuando advertimos, tras el engatusamiento primero ante su ejercicio de construcción paciente y el deleite con sus imágenes, que sus intereses trascienden el ludismo retiniano para ironizar sobre el poder, la sociedad, sobre ciertos valores en conflicto, acerca de símbolos construidos que han perdido su connotación y hoy son nada u otra cosa vacía. Es entonces que podemos desenmascarar cierto sabor menos dulce en sus obras: aparentes ordenamientos de un caos que nos engaña con sus efectos y genera una realidad donde yace la necesidad de repensar otros sistemas; otros rumbos con otros fallos, otros errores, pero ya no los mismos que, con tantos años, aburren.


 

1. Recordemos que los retablos son “analógicamente” espacios multimedia, similar a las multipantallas actuales en estructura y propósito; aunque cambien la intensidad de la interacción y la capacidad de transformación de sus contenidos.

2. Me refiero a www.art.inhavana.net, disponible desde mediados de 2016.

3. El glitch es en informática un error que generalmente no afecta negativamente al rendimiento o estabilidad de un programa. Se considera como una característica no prevista pero modifica la imagen que percibimos e incluso en programaciones puede modificar los resultados de nuestra interacción. Muchas veces se debe a problemas de codificación del sistema binario traducido en imagen. A veces se debe a ficheros mal codificados o dañados, que al ser leídos forman imágenes erróneas. Desde hace más de veinte años ha sido empleado por artistas, principalmente dentro del arte digital y el New Media, hasta el presente con las extensiones hacia los llamados Emerging y Converging Media.

 

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