Italo Expósito

Ikō

Por Gustavo Pita Céspedes

Gya tē gya tē hara gya tē

Hara sō gya tē…

Tengo en mi casa un jarrón

De un canuto de bambú.

Sobre él está pintado el ideograma xíng,

El mismo que, en japonés, se lee iku

Y que significa ir, marchar, proceder.

Es un canuto vivo, como una vértebra.

Lleva grabada en sí, como el ideograma,

la intención del bambú.

Sin moverse, va, camina, sigue…

Ni está en sí, ni en la repisa;

Como un canuto ex–puesto,

Canuto ex–pósito,

y sin ser más que una vértebra,

es más que eso, es la columna entera.

Un jarrón que nunca y siempre veo;

Pero cuando lo miro,

No sé si el bambú lleva el dibujo

O el dibujo el bambú.

Nunca con flores,

Y siempre florecido;

“¡La cosa marcha!,” “¡Vamos!”

Me susurra.

Pinturas, esculturas, cerámicas, audiovisuales… 

La obra artística de Ítalo Expósito es tan variada como su espíritu. 

No es que cree obras de arte, es que vive en ellas como en su casa, y hasta su propia casa es una de ellas. 

Por eso no puedo intentar escribir sobre su obra, sin escribir al mismo tiempo sobre él. 

Ni puedo hacerlo en tercera persona, como si escribiera sobre un objeto de estudio o de crítica. 

Ni abusar de la retórica, los conceptos y demás tecnicismos, porque tanto él como su obra nos mueven a una interacción natural y sin rebuscamientos. 

Y es que como el aire puro que invita a respirar, ambos hacen que el pecho se hinche

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