FRANK LEÓN

Homo Visual Sapiens

Por Frank León

Nada es más representativo de un artista «plástico» que su propia plasticidad. La capacidad de «re-presentarse», moldearse y mutarse es la imposibilidad de su propia representación que simultáneamente es su falsificación.

En el arte actual, que no es lo que se conoce como arte contemporáneo, sino todo el arte que se produce «hoy», existe un bicho, animal bípedo, que se podría denominar Homo Visual Sapiens. Este ente andante, mutante y casi líquido es lo que re-presenta la corriente conocida como arte contemporáneo. Ninguna etapa de desarrollo del arte ha tenido como vanguardia un movimiento inexistente. Pero tampoco el arte había sido asesinado anteriormente como lo hizo Arthur Danto, aunque la evidencia criminal se encuentra todavía en la disyuntiva de probar si la acción consistió en un delito de asesinato o un triste suicidio de la transvanguardia o el arte conceptual. Lo que sí está claro, es que el Homo Visual Sapiens es el sobreviviente del holocausto de la palabra arte y que los museos son los cementerios donde se conservan los restos de las víctimas. En el futuro próximo los seres vivientes tendrán que contratar un ejército de «curadores»-paleontólogos-forenses, para rescatar los cadáveres o fósiles del arte que se produjo en nuestra época y nunca se consideró como arte contemporáneo por los legitimadores de los Homo Visual Sapiens.

Dentro del ámbito de la sociedad del espectáculo, que es la sociedad actual sabiamente definida por Guy Debord, me encuentro «creando» por alrededor de 40 años, experimentando con lenguajes inexplorados y usando todas mis habilidades, tan eclécticas como mi propia vida, para cada día tener la satisfacción de expresar mi mundo interior en imágenes, en sonidos, en ideas. Me siento feliz de tener la posibilidad de no depender en absoluto de la comercialización del producto de mi vida interior y por esta razón me considero un hombre libre. También tuve la suerte de poder sentar las bases de mi propia libertad, incluyendo la libertad de no tener estilo en absoluto. No estoy amarrado a nada en mi labor creativa pues, junto a Nazoa, creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable. En mi trabajo uso despiadadamente todas las herramientas a mi alcance, las cuales además estudio y trato de dominarlas.

Mi trabajo reciente consta de cuatro series bien definidas con algunas subseries en los intersticios. Uso la fotografía, los programas digitales, materiales tradicionales y otros no tan tradicionales, soportes usuales y otros virtuales. Todo esto lo mezclo al momento de crear o lo interpongo en capas como pasos hasta llegar al resultado final. Habitualmente mi proceso comienza con una idea, aunque también algunas veces experimento con el automatismo, elaborando sobre el espacio en blanco o negro que me da el soporte digital. Lo que mueve mis ideas es un estado emocional o mental, obtenido de la experiencia vital o producto de mi propio aprendizaje intelectual. Uso la música como terapia y también como otro medio de liberar mis neuronas componiendo con los programas digitales.

Si el devenir de la vida, además de la supervivencia, consiste en dejar una mirada propia más allá de este polvo enamorado que somos, entonces mi labor en este camino ha consistido en acercarme a mi entorno con una mirada periférica y obtener en la acción una observación visceral de los encuentros cercanos con mi realidad cosmológica vital, sin ningún interés extra-artístico. No me preocupa mi re-presentación, sino mi relación de centro a centro con el entorno. No establezco relaciones de conveniencia por lo que me puedan aportar. El arte de las oportunidades de convertirse en un artista reconocido conlleva una dosis de hipocresía social incompatible con mi modus vivendi y por lo tanto, me siento separado del concepto de Homo Visual Sapiens y prefiero que me llamen simplemente Homo Sapiens… con algunas habilidades conceptuales-creativas.

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