EZEQUIEL SUÁREZ

El Delirium Ludens de Ezequiel

Por François Vallée

El arte de Ezequiel Suárez constituye una bocanada de aire fresco, un pied de nez, una burla a costa de la cultura seria, una oposición radical al arte establecido, un rechazo a cualquier forma de arte virtuoso, técnico, profesional. Ezequiel es un defensor del arte como entretenimiento, como distracción, como juego, como experimento, como laboratorio. Todo le sirve para hacer arte, su ámbito de acción es muy amplio: happenings, performances, videos, fotografías, pinturas, dibujos, escritura, creación de objetos, de libros… Con esta interrelación entre los campos artísticos cuestiona el papel del artista, el estatuto de la obra de arte y el arte como institución. Su concepción del arte consiste en agotar y superar todas sus posibilidades, su estatuto representativo con una actitud antiartística. Su obra es un campo conceptual que, en esencia, escapa a las definiciones y reducciones. Se trata de una experiencia y de un estado de espíritu.

Maïakovsky, Malevich, Tzara, Jarry, Schwitters, Duchamp, Cage, Maciunas… son sus allegados, sus aliados sustanciales y todo su quehacer artístico es un intento de respuesta a la pregunta fundamental de Duchamp: “¿Se pueden hacer obras de arte que no sean de arte?”. Su obra no constituye una ruptura sino una transición entre las vanguardias históricas y las prácticas del arte contemporáneo. Ezequiel basa su trabajo en una estética de la negación, la negación de los códigos estéticos y culturales de las supuestas élites. El arte para Ezequiel constituye la materialización de divagaciones mentales totalmente opuestas a la lógica, al utilitarismo, es un juego gratuito del espíritu que sacude nuestra mirada, nuestros sentimientos influenciados y condicionados por la tradición y la cultura (Dubuffet ronda por ahí). De ahí que recurra sistemáticamente al humor, a la ironía, al absurdo y destruya con ellos los “cajones del cerebro” a fin de restablecer con Tzara “…la rueda fecunda de un circo universal en las potencias reales y la fantasía de cada individuo”…

La obra de Ezequiel Suárez es una de las más libres, audaces, irreverentes, iconoclastas, refrescantes, brillantes, importantes y valiosas del arte cubano actual.

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