Ernesto Rodríguez

La parodia de Ernesto

Por Nathalie M. Sánchez

Imágenes distintivas y simbólicas confluyen constantemente en las obras de Ernesto Rodríguez. En sus piezas reaparecen a modo de historiografía, representaciones de iconos que refieren el arte medieval. Ernesto propone reinterpretaciones de la Virgen y el Niño, de Jesucristo, de los ángeles, que figuran como parodia. Su arte presupone apropiarse de elementos ya asentados en la historia del arte, agregándoles otros personajes de la industria del entretenimiento norteamericana: dígase de los dibujos animados y del cómic estadounidense. Esta manera tan particular de tomar prestado, de obras del pasado y combinarlas con personajes actuales, lo enmarca dentro de la lista de artistas visuales inclinados hacia el apropiacionismo.

Cuando Ernesto se adueña de las escenas medievales, lo hace, fundamentalmente, de sus atmósferas y las rigideces con las que se representan los personajes. Lo paradójico de las escenas que construye son la mixtura que elabora entre caballeros antiguos con personajes de la industria del entretenimiento. A ambos los viste con conjuntos que él mismo se inventa a partir de lo que quiere trasmitir. En obras como Muerte de una nueva era, es evidente su fascinación por Bob Esponja, considerado uno de los personajes televisivos más importantes de la historia. La pieza representa una escena medieval donde cuatro caballeros de la nobleza, junto a Patricio, el mejor amigo de Bob Esponja, lamentan la muerte de este. En el fondo, los acompaña una escena de una turbulenta batalla, mientras que, en el extremo superior izquierdo se ha escrito la frase en latín: Deus Vult, que en español significa Dios lo quiere. Esta sentencia surgiere, según los estudiosos de la religión católica, que la cristiandad y la guerra tienen mucho en común. De manera general, la obra como el título, refieren la culminación de una nueva etapa en la vida del hombre, al superponer el pasado con el presente-futuro. El pasado, ligado a la etapa de los caballeros, mientras el presente está siendo dominado por la industria del entretenimiento. El carácter burlesco de la obra está en que, la temática religiosa, la santidad, visto a través de las aureolas que se encuentran sobre la cabeza de cada uno de los personajes, conviven en un mismo escenario junto a un animado de la contemporaneidad, que además es presentado como un supuesto héroe de batalla.

Asimismo, hay otras piezas en las que Ernesto funde lo antiguo y lo moderno, manejando y jugando muy bien con las temáticas medievales. El beso, por ejemplo, una obra paradigmática en la historia del arte, tiene una versión creada por el artista en la que continúa utilizando la parodia. Los dos personajes se besan, pero con caretas de gas en el rostro, teniendo como significado la supervivencia de los personajes medievales en esta época plagada de contaminación; o simplemente la hipocresía que se genera alrededor de los líderes políticos. Uno de los protagonistas posee un traje con una hoz y un martillo, símbolo que representa al comunismo y que formó parte de la bandera y escudo de la Unión Soviética. El otro personaje lleva en su vestuario el símbolo de la Cruz Roja, un emblema que representa en la política, la postura neutral. Dicen que la misión de la Cruz Roja es laborar para prevenir el sufrimiento humano. Esta obra, por tanto, puede significar un grito en contra del sufrimiento de la humanidad, dado por una guerra de la destrucción del planeta.

Otro de los personajes de los que Ernesto se apropia en varias ocasiones, es el héroe de ficción que aparece en los comics estadounidenses, el Capitán América. El hecho de que el artista lo figure como si fuera Jesucristo, significa que su intención es la de expresar la semejanza que, para él, existe entre ambos personajes. Aunque es cierto que el primero es un constructo de ficción, mientras que el segundo, se habla de evidencias históricas que prueban su existencia, aunque algunos la niegan rotundamente. ¿Podría ser Ernesto uno de los que plantea que tanto Jesucristo como el Capitán América, nunca existieron?, ¿y de ahí sus similitudes? o ¿simplemente va más allá? De cualquiera de las formas es jocosa la idea, a la misma vez que lleva de trasfondo un sólido concepto.

Hablar de la obra de Ernesto Rodríguez siempre podrá resultar complejo por los conceptos y símbolos que maneja, que a veces se escapan de lo que acostumbramos a ver en el arte de hoy. Con el uso de la parodia, este autor ha hecho posible que veamos al arte medieval como siempre moderno. Critica y satiriza, pero no deja de mostrarnos cómo vemos las cosas y de plantearnos un problema real que se basa en preguntarnos por qué vemos hoy, las cosas de esta manera y no de otra.