Donis Llago

Lo que permanece oculto…

Alain Cabrera Fernández 

Cuando en diciembre del año 2006, el mundo conoció por medio de informaciones continuas (anónimas), sobre reportes secretos que involucraban en lo fundamental a países y administraciones gubernamentales totalitarias, en detrimento de terceros, gracias a la invención de WikiLeaks, quedó al descubierto la doble cara de la moneda. Ya solo era cuestión de tiempo –como lo indica el logotipo del sitio, que muestra un reloj de arena donde un planeta Tierra oscuro «gotea» sobre otro más claro–, para que salieran de modo gradual a la luz pública verdades comprometedoras extremadamente ocultadas alguna vez. El escándalo inmediato no se hizo esperar. 

Resulta innegable para la historia que, desde las macro-políticas, diplomacias, manejo de números y recursos –independientemente de lo que estos signifiquen–, decisiones que rigen el orden global hasta los llamados monstruos interiores que puedan albergar la existencia humana a nivel de individuo, todos silenciamos algo. Mientras unos esperan el momento preciso para, mediados diversos intereses, dar a conocer determinadas cuestiones en pequeñas dosis, otros de tanto encubrir temas espinosos al final los dejan en evidencia. En su edición de septiembre de 1989, la revista Scientific American reveló que las reservas mundiales conocidas de petróleo, explotadas al ritmo actual, alcanzaban apenas para unos treinta y siete años. (1) Esto explica también, y no únicamente el enfrentamiento directo al terrorismo islámico, el por qué de la enorme carrera armamentista que han gestado las grandes potencias para controlar el Golfo Arábigo-Pérsico. Un ejemplo más fresco lo tenemos a raíz de la visita del Presidente de los Estados Unidos Barack Obama a su homólogo argentino Mauricio Macri. Precisamente después que se cumplen 40 años de la dictadura argentina, el mandatario norteamericano promete desclasificar archivos que relacionan a ambos países y las respectivas administraciones vigentes en aquella época con los nefastos sucesos acontecidos. 

Por lo general cada nación cuenta con indeterminadas instituciones posicionadas en distintos inmuebles que ratifican, desde las funciones que ejecutan y los roles que representan, su posición política. Estos conjuntos arquitectónicos, construidos en su totalidad o bien readecuados en dependencia del propósito con que se hayan erigido, resultan en cada caso lugares majestuosos, sobresalientes por su absoluta belleza. Así podemos encontrar en primera instancia sedes de gobierno, ministerios, centros de seguridad nacional, órganos para la instauración de congresos y cuerpos militares, sitios emblemáticos, y demás, pero siempre donde se ejerce el poder y circula información Top Secret por canales restringidos. 

Este es en esencia el concepto del cual se vale ahora Donis Llago para crear las obras que conforman la reciente etapa de su serie Transparencias. Es decir, lo que apreciamos a simple vista (lo denotativo) y lo que subyace escondido en el fondo (los procedimientos de connotación). El doble mensaje que, expresado por Roland Barthes en sus estudios sobre la imagen fotográfica, permanece como constante invariable en todo el arte contemporáneo. (2)

Estas nuevas «transparencias» si bien mantienen el principio rector de superponer varias capas de formas delimitadas solo por los contornos, que vislumbran en un plano bidimensional las complejidades que integran tantos elementos espaciales añadidos, ya no es la urbe habanera captada desde el malecón quien protagoniza en exclusiva dichas escenas. Las pinturas y cajas de luz que definen este periodo sobresalen por proyectar desde el exterior y hacia sus interiores aquellas edificaciones insignes que salvaguardan bienes patrimoniales, importantes personalidades, documentos valiosísimos, fortunas insospechables y hasta secretos de Estado. Entre ellas pudieran distinguirse la Casa Blanca o el Pentágono estadounidense, la Casa Rosada de Argentina, la Catedral de San Pedro en el Vaticano, El Kremlin de Moscú, el Servicio de Inteligencia Secreto (MI 6) en Inglaterra, el Comité Central, la Plaza de la Revolución o el Ministerio del Interior (MININT) para los cubanos, entre otros. 

Solo por esta vía se nos permite acceder libremente a tan intrincados universos donde todo en apariencias es perfecto. Podemos avanzar sin tropiezos a lo último de cada pieza –entiéndase aquí habitación u obra plástica en un mismo sentido–, mirar con detenimiento y no percibir nada extraño. Sin embargo, tenemos la certeza de que lo que acontece a diario en esas esferas llega a ser trascendental en cualquier estrato y pudiera cambiar numerosos destinos, para bien o para mal. Donis también lo sabe, por eso deja entrever en el fondo de sus transparencias, nada nítidas por cierto para provocar la sospecha, un aviso permanente sobre lo que no obstante se eterniza oculto. 

  1.  Luis Britto García: El imperio contracultural: del rock a la posmodernidad. Editorial Arte y Literatura. Colección ARGOS, 2005, p.335. 
  2.  Roland Barthes: Lo obvio y lo obtuso. Imágenes, gestos y voces. Paidós Comunicación, 1986.

 

Web del artista

Revista arte cuba
Revista arte cuba
Revista arte cuba
previous arrow
next arrow
Slider