Daniel R Collazo

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El metabolismo de las estructuras

Por Ricardo Alberto Pérez

El dibujo tiene su propia historia dentro del Arte Cubano Contemporáneo, en ocasiones como protagonista absoluto y en otras como un aliado indispensable de la pintura. La magia de la inmediatez y esa extraordinaria capacidad de crear escenarios de grandes contrastes le otorgan la preferencia de artistas que se encuentran en una etapa de franco despegue. Con esa proyección descubro y comento la obra de Daniel Rodríguez Collazo (La Habana, 1987); alguien que ha elegido lidiar con las estructuras y transformarlas en inquietantes espacios que terminan recibiendo la influencia demoledora de la actividad humana.  

Su trabajo asume un reto que lo impulsa y compromete, parte de la actividad de una mente que almacena y está dispuesta a compartir con los otros esta información, que representa una experiencia que en gran medida concierne a los demás. Decisivo es el instante en que decide, qué hacer con lo almacenado, hasta dónde conducir esa materia en potencia capaz de transformarse en un flujo valioso entre la ficción y la realidad.

Entonces caemos en el interior de una relación cada vez más atractiva; el vínculo que el propio devenir del arte crea entre la fotografía, el dibujo y la pintura. Se puede hablar de un evento recíproco, dichos lenguajes se nutren  entre sí, intervienen en procesos que terminan creciendo tanto en lo estético como en lo conceptual. Muy al tanto de ello Daniel Rodríguez Collazo se inserta en ese intercambio logrando abrir una brecha por donde evolucionan cada una de sus series. Esa fotografía pasa por su creación no solo como una referencia o punto de partida, sino como un ambiente o atmósfera con autoridad para desde un tono ambiguo recuperar sus dones visuales.

Por momentos se apropia de una mirada capaz de alcanzar lo microscópico, y retenerlo como un paisaje indispensable que va apareciendo en algunas piezas con un valor subversivo, garantizando un tipo de metáfora perseguida por el artista y donde los propios edificios llegan a adquirir un metabolismo tan vulnerable y mutante como el de los seres que los habitan. Ese parece ser uno de los valores más eficaces que posee a la hora de comunicar y hacer creíble su discurso. También se le presenta como un reto desde el punto de vista formal, sin dudas hay un proceso para conseguirlo, y en él un despliegue minucioso capaz de llegar a producir asombro y emoción  por la contundencia con la que irrumpen cada uno de los detalles, y la manera en que son tratados a través de los distintos niveles o capas que constituyen las obras.

En una serie como  Cartas a la luna, desenvuelta entre los años 2015 y 2016,  Collazo manipula símbolos muy puntuales, abordando el tema de las utopías a partir de la fragmentación de esos símbolos que catalizan de manera muy especial nuestro entorno. El encuentro de estos meteoritos, surgidos entre sueños truncos, con la superficie lunar sirve para comentar la ingravidez que por momentos caracteriza la vida social que compartimos. Aquí hay un gris que predomina y  se confirma  como la principal elección cromática con la que lidia y refuerza un cumulo de ideas y provocaciones que le interesa transmitir y propagar.

Su quehacer experimenta interesantes transiciones a través de las cuales enfrenta con admirable lucidez a la cuestión de las influencias, lográndose nutrir de ellas para después enrumbar hacia una visible independencia. Su trabajo más actual Dibujos fotogénicos (2015-2018) ofrece testimonio de ello; la libertad expresiva que se descubre en estos lienzos permite que la ciudad respire nuevamente desde una dimensión alternativa y con una intensidad renovada. Se establece una relación consistente entre la imagen inmediata y la memoria, ese flujo sagrado que termina por darle sentido a la vidas y a los lugares.

En estos dibujos las distorsiones, las manchas, la propia lija que viene como una lengua salvaje para hablar a su manera, tienen protagonismo, hacen estallar lo dormido y lo ponen a significar; a rebelarse en contra de la engañosa armonía. Todas esas intervenciones o interferencias nutren la conversación que ha comenzado, la prolongan y contribuyen a que pueda renovarse cuantas veces resulte apetecible. 

En el aspecto conceptual con esta serie, hace una relectura urgente de un espacio urbano que después de más de sesenta años de surgido sobrevive, expresa orgullo por lo que se preserva y un cono de sombra y preocupación por lo que se destruye y desaparece. Desde esa actitud Collazo se inclina al experimento, introduce rupturas, por momentos tiende a lo abstracto, y de un edificio puede comenzar a surgir otro, creándose una especie de ebullición que refuerza el sentido crítico de las imágenes. 

Los Dibujos fotogénicos constituyen la paradoja de lo que algunos fotógrafos actuales pretenden con sus poéticas, hacer pasar la foto por un dibujo, o un lienzo abstracto. Aquí las obras trabajadas comúnmente con carboncillo y otras técnicas mixtas sobre el lienzo terminan expresando su orgullo de coquetear con el espíritu de la fotografía, y desde ese toque tan particular se confirman como metáforas permeadas de utilidad.

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