ÁNGEL DELGADO

Discurso ausente

Por Laura Arañó

Los medios de masas de verdad intentan distraer a la gente.

Noam Chomsky

Cuando en 1968 Antonia Eiriz realizaba su serie de tribunas, aún no sospechaba la repercusión que su obra tendría dentro de las artes visuales cubanas y cómo su trabajo inspiraría a generaciones de creadores. Ángel Delgado (La Habana, 1965) heredaría, si dudas, el espíritu irreverente y la mordacidad plástica de Antonia. La obra de Delgado no ha claudicado en su crítica sobre los límites, la censura y la incomunicación.

Su trabajo -aun ante la lejanía geográfica a la que ha sometido su carrera -no ha minimizado su interrelación con el llamado arte “hecho en Cuba”, mas es posible rastrear una suerte de desterrioritalización de su lenguaje. Ha transformado su experiencia personal en personaje anónimos que se convierten prácticamente en signos.

En algunas de sus series, como por ejemplo Historias Paralelas (2007, impresiones digitales sobre pañuelos) sus obras se cuestionan los márgenes físicos. Se apropia de vistas fotográficas de la vida en la cárcel y encima de las impresiones ubica un sutil dibujo de sus seres inconclusos. Este recurrente motivo iconográfico sospecha ser un alter ego del artista convertido en una suerte de Hombre -en su sentido más universal-. Su gradual interés por regresar a la pintura en los últimos años, aproximadamente desde 2010, resultó ser un proceso en el que abandona algunos de sus mecanismos y procedimientos asiduos, e incorpora otros asuntos en sus piezas. El homeless irrumpe el lienzo para oponerse al hombre de trajes amarillos y verdes. Los paisajes incómodos de Ángel Delgado nacen en los intersticios de un aislamiento cada vez mayor. Estas pinturas en las que hibridaba la impresión digital y la pintura, los paisajes revelan un cierto aire onírico, probablemente procedente de la mixtura de personajes y objetos.

Por otro lado, el conjunto de trabajos más recientes que Ángel Delgado ha venido desarrollando, aun cuando continúa utilizando sus figuras mutiladas, reconocen un nuevo tópico dentro de su obra: la manipulación mediática. Ciertamente, los cuestionamientos hacia las libertades políticas, físicas y de pensamiento han sido un leitmotiv en el trabajo del artista.

Discurso ausente explora desde la ambigüedad propia de la figuración de Ángel el extrañamiento –a ratos kafkianos– que produce el sensacionalismo de la prensa y los medios de comunicación contemporáneos. En este tipo de trabajos el artista ha utilizado las noticias publicadas en primera plana, tanto de la prensa plana como digital, y las reduce a abstracciones, manchas de color en las que apenas son legibles algunas letras. La apariencia, tal vez decorativa, de los fondos textuales de estas pinturas banalizan los discursos ideologizantes sostenidos por los medio de comunicación. Sobre estos fondos se erigen escultóricos esos seres anónimos que meditan, fraternizan, se avalancha sobre los lienzos.

La hibridez entre las huellas de los titulares y los personajes recrean un ambiente de inquietante tranquilidad. Estos discursos ausentes, vacíos, pero repletos de hombres de traje que parecieran vaticinar el futuro, reflexionan sobre esos mecanismos en los que ese “poder mayor” -que ha dejado de ser Dios-, nos abduce y nos hace creer en políticas sin sentido que se nos revelan cuasi divinas.

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